Bien dicen que una buena vida no depende de la respuestas que recibimos, sino del nivel de preguntas que nos hacemos.

En la misma línea, el título de este post es, sin duda, una de las preguntas más profundas que me he hecho en mi vida.

Primero, “es este mi estándar?”, es una pregunta que devora porque lo obliga a uno a detenerse y entender cuál es realmente su estándar. Y eso congela.

Congela porque cuando uno ha visto la imagen vívida de lo que puede lograr y en lo que se puede convertir, sabe que no hay otro camino que aquel de profundo crecimiento.

Otro camino sería traición propia.

Saber cuál es tu estándar es el primer paso para convertirte en quien realmente te puedes convertir, pero implica también ser honesto contigo mismo para no jugar en una liga inferior a la que puedes. Implica no amortiguar tus deseos por la posibilidad de rechazo y a no maquillar tus convicciones por miedo a no obtener validación.


El año pasado, 2025, pasé mucho tiempo diciéndome a mi mismo, a modo de afirmación, que soy un hombre de altos estándares; el gran problema es que no tenía ni idea realmente de qué era lo que estaba diciendo. La idea que existía en mi cabeza sobre lo que es el estándar era muy equivocada.

El estándar no es aquello que esperas de los demás o de circunstancias externas. Estándar no son solamente tus gustos, aunque si tienen una fuerte relación, y tampoco es lo que permites en tu vida aunque indirectamente están conectados.

El estándar es interno, y tiene su origen en el complejo patrón de pensamiento que tenemos en el día a día, que a su vez nos lleva a actuar de cierta manera que define nuestra identidad.

El estándar no se tiene ni se hace. Se ES. No es externo, ni es objeto de presunción.

Estándar es todo lo que toleramos en nosotros mismos, y a su vez todo lo que toleramos en los demás. Es entender qué es compatible con mi identidad y en consecuencia, qué permitiré que entre y salga de mi vida. Estándar es todo aquello interno, lo que nadie ve, y por ende no es motivo de admiración ni algún objeto ligado a la validación externa. El estándar que tenemos para nuestra identidad y para nuestra vida es lo que nos permite saber a ciencia cierta si somos realmente congruentes con nosotros mismos.

No nos equivoquemos, todos tenemos un estándar, solo que el estándar es como mesenterio, aquel órgano que tenemos todos pero que no todos lo saben.

Y el estándar tiene niveles.

El estándar alto es incómodo y origina el repudio de aquellos que han decidido vivir una vida de bajo estándar, porque el alto estándar está más cerca de la buena vida y el buen gusto. El estándar alto obliga a uno a vivir en abundancia aún en momentos en que lo externo sea escaso, a vivir en valentía aún cuando las masas tienen miedo, y a vivir en congruencia aún cuando las mayorías habitan en la contradicción. El estándar alto prefiere el buen gusto aunque sabe que es más costoso, no solo financieramente. El estándar alto va de la mano de la elegancia, y se permite practicarla en todo momento, incluso, o especialmente, en aquellos momentos donde es más difícil practicarla.

El alto estándar no desea el triunfo si no es con base en principios, y nunca busca atajos porque sabe que éstos no llevan a ningún lugar donde vale la pena ir. El alto estándar estorba a aquellos que no lo conocen, o bien, prefieren no conocerlo.

El alto estándar sabe ser confrontativo ante aquello que no alcanza su nivel de estándar, pero nunca usa la violencia para llegar al punto que debe ir. El alto estándar exige respeto y por consiguiente respeta lo ajeno, incluído el tiempo y los recursos materiales. El estándar alto no buscan convencer a otros, porque sabe que calidad y cantidad no son sinónimos.

El bajo estándar es más conocido y común. Es aquel que acepta todo sin saber que el gusto que uno tiene acaba definiendo la identidad. El bajo estándar tiene muchos amigos porque no estorba ni es objeto de crítica. No incomóda. Al bajo estándar le gusta el cunsumo, mientras que el alto estándar busca la construcción. El bajo estándar busca lo material bajo la premisa de que el fin justifica los medios. Y lo material que obtiene, lo hace con “medios” cuestionables.

Un bajo estándar permite a las personas protegerse ante el rechazo que obtiene alguien de alto estándar, y permite obtener mayor validación de los demás, aunque ésta sea falsa o barata.