Existe cierta tensión en avanzar hacia un camino que uno cree que es el adecuado cuando todo el mundo va en otra dirección. Decimos que somos independientes y soberanos pero es cuando toca tomar decisiones fuertes que salen de la norma donde comienza el verdadero reto de escuchar nuestra alma.
Lo difícil no es solamente confiar en el camino que uno ha trazado para su vida, sino tener la destreza mental necesaria y el suficiente control del ego para saber re-dirigirnos cuando estamos en el tren equivocado.
Es real la dificultad de transitar un camino que sabes que es el adecuado para ti cuando todos los demás tratan de desviarte hacia el camino que ellos creen que es el tuyo. Muchos ni siquiera se conocen ellos mismos y creen que te conocen a ti mejor que tú mismo.
Lo único certero de la vida es tener claro que no hay certezas en la vida, y el único camino equivocado es aquel que no se transita por miedo a equivocarse.
No avanzar por miedo a perder el tiempo solo orilla a uno a congelarse en un modo perpetuo de pensamiento que, irónicamente, inclina a uno a perder más tiempo.
Decidir es renunciar y renunciar es dejar ir todos aquellos caminos que podrían conducirnos a lugares que quizás deseamos pero hemos elegido no alcanzar.
Ser un hombre de principios claros y de estándares altos es fácil cuando el consenso social aprueba tus decisiones, pero en tiempos donde escasean los principios y los estándares son mediocres uno se ve obligado a avanzar hacia un camino donde no todos se atreven y donde la crítica será la norma.
Hay trenes que son bonitos y conducen a lugares luminosos pero que no necesariamente son para mi. Y dejarlos pasar a veces da miedo.
Se necesita una convicción inquebrantable para confiar en que las decisiones que uno toma son las más óptimas para llegar hacia donde uno quiere, pero es también muy fácil engañarse diciendo que uno está esperando el tren adecuado por miedo a comprometerse con un solo camino.
Vivimos en tiempos donde las masas son manipulables y donde la presión social invita hacia caminos equivocados. Nada confunde más a la gente que un hombre que no puede ser manipulado por lo que todos los demás están persiguiendo.
Bien decía C.S. Lewis que “cuando todo el mundo corre hacia un precipicio, quien corre en dirección contraria parece haber perdido la cabeza.”
Y en estos tiempos, tiempos en que las mayorías ya han perdido la cabeza, yo, yo confío en mi camino.
